Antes de Hacienda Los Dolores: la tierra de los otomíes y el origen de Tepotzotlán


Mucho antes de que existiera la Hacienda Los Dolores y antes de la llegada de los españoles, estas tierras ya eran hogar de antiguos pueblos indígenas que encontraron en los valles, manantiales y montañas de Tepotzotlán un lugar ideal para establecerse.

Los primeros habitantes conocidos de esta región fueron los otomíes, uno de los pueblos más antiguos del Altiplano Central de México. Diversas investigaciones señalan que su presencia en la zona se remonta a varios siglos antes de nuestra era, cuando comenzaron a formar pequeñas comunidades dedicadas a la agricultura, la caza, la recolección y el intercambio comercial. 

Con el paso del tiempo, la influencia de la gran ciudad de Teotihuacán llegó hasta Tepotzotlán. Los habitantes de la región adoptaron nuevas técnicas agrícolas, fortalecieron el comercio y mantuvieron una estrecha relación con una de las civilizaciones más importantes de Mesoamérica. Tras la caída de Teotihuacán, la región continuó habitada por comunidades indígenas y, siglos después, surgió el señorío de Tepotzotlán, establecido alrededor de 1460. 

El nombre Tepotzotlán proviene del náhuatl y suele traducirse como "lugar entre jorobas" o "entre cerros", una referencia al paisaje montañoso que aún caracteriza a esta parte del Estado de México. Mucho antes del Virreinato, este territorio era un punto de encuentro para diferentes pueblos indígenas y una zona de paso entre el Valle de México y las regiones del norte. 


La llegada de los jesuitas y el nacimiento de las haciendas


Tras la conquista española, los franciscanos iniciaron la evangelización de Tepotzotlán. Sin embargo, fue con la llegada de la Compañía de Jesús en 1580 cuando comenzó una profunda transformación de la región.

Los jesuitas establecieron el Colegio de San Francisco Javier, donde incluso enseñaban lenguas indígenas como el otomí para preparar a los misioneros que evangelizarían el norte de la Nueva España. Para sostener económicamente este importante centro educativo, desarrollaron una red de haciendas dedicadas a la agricultura y la ganadería. 

Fue dentro de este sistema productivo donde, años más tarde, surgiría la Hacienda Los Dolores. Gracias a la fertilidad de sus tierras y a su ubicación estratégica, la hacienda se integró al conjunto de propiedades jesuitas que abastecían al colegio y contribuían al desarrollo económico de Tepotzotlán.


Un legado que sigue vivo


Hoy, al recorrer los patios, jardines y antiguos muros de Hacienda Los Dolores, es posible imaginar la historia de este lugar mucho antes de convertirse en hotel. Bajo estas mismas tierras caminaron agricultores otomíes, pasaron comerciantes, trabajaron hacendados y se desarrolló una comunidad que ha permanecido por generaciones.

La historia de Hacienda Los Dolores no comienza con la construcción de sus edificios; comienza miles de años atrás, con los primeros pobladores que aprendieron a vivir en armonía con este paisaje y que sentaron las bases de una región que, hasta nuestros días, conserva un extraordinario valor histórico y cultural.